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COLECHO ¿HASTA CUÁNDO?

COLECHO ¿HASTA CUÁNDO?
Hasta que siga funcionando para nuestra familia. Quiero comenzar por decir que los seres humanos estamos programados para dormir en camada. Esta en nuestro ADN dormir todos juntos en un mismo lecho no solo de niños si no hasta adultos. Es así como funciona nuestro instinto, pero la vida cambia, la sociedad cambia, los espacios, los horarios y los tiempos nos llevan a tener que aprender a dormir solos…. pero no por mucho tiempo solo hasta ese momento en que encontramos a esa persona con quien queremos compartir (literalmente) nuestros sueños.
Si nosotros de adultos encontramos la felicidad en dormir acompañados (no todos , pero si la gran mayoría) por que no iría un pequeño a ser feliz durmiendo junto a las personas que más ama en el mundo…
Yo coleché, colecho y seguiré colechando. Amo el colecho.
Hace 13 años cuando nació mi hija mayor no conocía el término y sin embargo durmió con nosotros hasta casi los 3 años, momento en el cual se enamoró de una cama alta en Ikea y nos cambio sin dudarlo por su independencia.
Hace 10 años, cuando nació mi segundo hijo aún no conocía el término y menos aún sus beneficios. Sólo sabía que necesitábamos una cama más grande por si la hermana mayor quería volver al cuarto cuando viera al pequeño en nuestra cama. (Cosa que pasó, pero no duró mucho tiempo). Mi segundo no tuvo interés en camas altas ni bajas, ni mucho menos en ser independiente. No al menos a la hora de dormir. Así que esos casi  3 años duraron más de 5  con sus idas y venidas , sus vueltas y revueltas, y sus respectivos bailes de cama nocturnos.
No existía el término, no estaba de moda, no conocía los beneficios, sin embargo no era para nosotros una preocupación que no quisiera dormir solo. Entendíamos por alguna razón sin habernos documentado previamente que eso era lo que nuestro hijo necesitaba. Que no todos los niños son iguales, que dormir con nosotros no lo volvía un sobreprotegido o dependiente. Simplemente lo necesitaba. Cuando tenía 2 años y poco  cambiamos de casa, de barrio, de país, de continente. Dormir con nosotros, nuestro calor, nuestra piel eran el único hogar que permanecía igual para el  y lo supimos comprender.
Poco a poco se dejo de pasar, poco a poco se durmió la noche entera sin despertarse y pedirme que me pasé , poco a poco dormir con nosotros se volvió un vacilón para ver pelis el fin de semana. Poco a poco dejo de ser una necesidad y voló.
Hoy vamos 2 años 4 meses, está vez si colechando, conociendo el término, conociendo los beneficios, sabiendo las reglas, los tips los si y los no. ¿Y sabes qué? Se siente igual a cuando simplemente dormían conmigo. Por que el colecho SIEMPRE, SIEMPRE ha existido.
¿Es cómodo? No. ¿Es rico? Delicioso. La verdad es irónico, pero duermo mejor cuando me empujan, me destapan, se trapan a mi almohada o me dejan en la esquinita. Es verdad. Duermo mejor que cuando están en su cama y eso me hace pensar… Si los seres humanos estamos programados desde el adn a dormir en camada, ¿Estaremos entonces programados a dormir así , con un codo atravesado, una nuquita sudada cerquita, un cahorro atravesado por encima? Puede ser. Puede ser que hayamos aprendido social y culturalmente a vencer la soledad , el frio y el miedo a dormir solos y lo hayamos convertido en el placer máximo de la cama para ti solo (por más que prefiero dormir con ellos.. si si.. añoro esos momentos) Quien sabe.. tal vez así sea.
Lo cierto es que con la pequeña decidí (como tantas de las cosas que decidí respecto a su crianza luego de mucha investigación y que luego no se dan..) que colecharíamos hasta los 2 años mientras hubiera teta. Por que creanme cuando les digo que el colecho es es el mejor amigo de la lactancia.  La teta se fue antes, al año y medio. Y seguimos colechando… los 2 años pasaron hace 4 meses y seguimos colechando.
¿Hasta cuando vamos a colechar? ¿Hasta que ella lo necesite? No. Esta vez no.  Esta vez , después de 3 cachorros, leyendo mucho, escuchando más , aprendiendo en el camino, he logrado conectar con el yo primitivo y he entendido que el colecho no solo lo necesita ella, el colecho también lo necesito yo , lo necesitamos nosotros.

Esta vez vamos a colechar hasta que ella nos deje.

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Bienvenida Adolescencia

El embarazo , las náuseas, bombear sangre por dos, cargar el peso es aprender a compartirlo todo. Es entrega, es empatía.
Parir, pujar, pasar por una cesárea nos da poder. Es de valientes.
Las malas noches con un bebé son agotadoras. Nos dan fuerza.
Las grietas, las perlas de leche, las mordidas, la mastitis… la lactancia duele y nos enseña o sobrellevar el dolor. Es humildad.
Las pataletas, las frustraciones, esos increíbles y desesperantes 2 y 3 años a veces nos ponen a prueba. Nos regalan la paciencia.
Los 4 , los 5, el yo puedo solito , el inicio de su independencia. Debemos aprender a dar un paso al costado y acompañar y observar.  El inicio del desapego.
….Dichoso y difícil desapego para el cual necesitaremos no sólo amor sino también de entrega, valentía, fuerza, humildad  y paciencia.
Hoy, con una hija de 13, uno de 10 y una de casi 2 miro hacia atrás y entre borrones más o menos que creo entender algo que en mi corazón se siente como entenderlo todo.
Hoy con una adolescente en casa entiendo por que la crianza es tan difícil al principio y porque se pone cada vez más complicada.
Hoy entiendo que no solo creció ella, crecí y maduré yo también para poder sobrellevar las situaciones sin romper YO en una pataleta. Hoy entiendo que ese parto fuera vaginal o cesárea, que esa lactancia dolorosa o ese biberón agotador, que esas noches buenas y esas noches malas la hicieron mía, mucho más mía que cuando estuvo en mi panza. Tan pero tan mía que puedo mantener un NO firme aunque me odie por momentos. Que aunque sus ojos digan “tu no entiendes nada mamá” se sigue sintiendo mía. Que en el fondo sabe que es por su bien. Que aunque se le pongan los ojos rojos de rabia ni en ese segundo que quiso gritar “aggg mamá” y no lo hizo (o si)  dejó de amarme ni un segundo. Ya se vino lo bueno y ahora todo lo previo que parecía tan difícil se siente como un entrenamiento.
Hoy entiendo lo más difícil de aceptar para una madre. Se trata de ella, de su historia. Hoy es solo ella la protagonista. Hoy me toca poner en práctica lo que aprendí, para lo que me preparé todos estos años. El desapego con amor. El mismo desapego cuando la destete, cuando durmió en su cama por primera vez. El primer día de cole. La primera pijamada… Hoy toca sacar todo. La empatía, la entrega. el valor, la fuerza, el amor y la paciencia. Hoy toca respetar su espacio, su silencio, sus risas y su llanto. Hoy toca escucharla como siempre cuando quiera contármelo todo y cuando no quiera contarme nada (escucharla siempre, por que se que hasta me habla con la mirada)
Bienvenida adolescencia, te estaba esperando. Llevo 13 años entrenando con amor, con respeto y con libertad. Creo que en esta nueva aterradora y maravillosa etapa nos irá bien y nos irá mal. Habrán portazos si , pero serán más los abrazos. Querida adolescencia me encuentras tranquila y en paz, fuerte y segura porque no me agarras de sorpresa. Por que desde hace 13 años sabía que llegarías y no quería que nos agarres desprevenidas. Hoy se siente, se respira… se palpa en cada reacción y acción de mi amada adolescente todo ese amor, todo ese respeto, todos esos brazos, esas malas noches, esa teta y ese colecho,  todo ese apego y toda esa libertad.
Esta noche tengo más claro que nunca que en nuestra crianza  todo les decimos  hoy importa, que todo el amor y el respeto que damos hoy hace la diferencia, que todo lo que hacemos hoy se verá en resultados mañana
Bienvenida adolescencia ya te queríamos ver llegar ❤
– La Tata.

El tiempo se escapa volando…

Me decían disfruta, el tiempo pasa volando, y yo no lo creía. Los tenía todo el día en brazos, pegados a mi, besándolos, mirándolos , alimentándolos, los minutos duraban una eternidad, los días parecían durar para siempre. El tiempo no pasaba volando, se detenía cuando los tenía en mis brazos… El tiempo no pasa volando pensaba, esto dura para siempre, sentía.
Me equivoqué. Me quedé dormida una noche y cuando desperté el tiempo había pasado , ya corrían por todos lados, ya no querían tantos brazos, ya no querían tanta teta. Me volví a despertar y ya se iban al colegio, ya sabían nadar, ya jugaban entre ellos. En un abrir y cerrar de ojos se hacen grandes, bellos, fuertes, valientes y nobles. Chicos criados en brazos con amor, seguros, felices, e independientes, pero grandes.
Disfruta ahora, que el tiempo si pasa volando, créeme. Cárgalos mucho que luego crecen, antes de lo que crees. Mételos en tu cama, que luego dormirán en la suya por el resto de su vida, bésalos mucho, bésalos siempre. El mayor acto de amor del apego es irónicamente al pasar los años, el desapego en sí. Dejarlos volar, dejarlos crecer, dejarlos ser. Confía en el poder de esos dos brazos a los costados de tu corazón dándoles todo ese amor.
-La Tata viviendo el momento

La crianza con apego, respetuosa y natural.. resultados 11 años después

Han pasado ya 11 años, más de una década desde que mi flaco y yo empezamos a criar. Cuando nos iniciamos como padres en esta maravillosa vida junto a nuestros hijos no se hablaba de la Crianza Respetuosa, no estaba de moda la Crianza con Apego. Nadie hablaba en términos de crianza natural, lactancia prolongada, porteo y colecho. Simplemente nos pusimos a criar como nos parecía era lo mejor para nuestras crías, guíados por instinto y con algo de información.

Hoy 11 años después de dormir 3 años con cada hijo, dar la teta todo lo que se pudo, cargarlos mucho y  respetarlos siempre, les puedo decir con el corazón abierto que no nos arrepentimos  ni por un momento de todas esas noches compartiendo nuestra cama, de todas esas tetas prolongadas y descaradas, de todos esos brazos incluso cuando ya pesaban tanto. No nos arrepentimos nada, tanto así que estamos nuevamente embarcados en la aventura, esperando un tercer hijo, seguros e ilusionados de criarlo/a como a sus hermanos

Mis hijos tienen hoy 11 y 8 años.  Son niños seguros, independientes, buenos. Confían en nosotros y sobre todo, confían en si mismos.  Saben estar solos por que se valoran, se respetan y se quieren. Saben estar acompañados por que valoran, respetan y quieren a los demás.  Son niños felices.

Hoy que la pubertad ya toco mi puerta se encontró con una jovencita preparada y segura de si misma. No te voy a decir que la teta y el colecho te libran del “tu no me entiendes mamá” , la explosión de hormonas y que salga corriendo llorando de tu cuarto. Nada nos va a librar de eso. Ni tampoco nos va a librar de que nos pulseen para ver quien es más fuerte, quien tiene la razón, parte de hacerse grande, de hacerse mujer es pasar la rivalidad y vencer a la madre.  Pero si te digo que sale llorando a su cuarto sin dudar ni por un segundo que es la más amada, que es comprendida, y que se le respeta ese espacio que necesita. Ella vuelve sola, a penas se calma, es consiente que la hormona la domina y rápidamente está aprendiendo a controlarla. Es una niña convirtiéndose en mujer, expuesta a la presión de grupo, sin embargo toma sus propias decisiones, no hace lo que los demás sólo por seguir al grupo.

Tengo un niño de 8 años casi, que durmió con nosotros hasta los 3, eso no quita que le tenga que repetir 7 veces anda a bañarte o haz la tarea. Pero es un niño auténtico sin miedo a ser diferente orgulloso de su intereses muchas veces distintos a los de los demás. Le interesa la historia, las antiguas civilizaciones y su relación con los extraterrestres… así como también puede jugar mind craft como cualquier niño de su edad. Un niño que jugaba con muñecas, por que así como le encantaba jugar a los carros, también era feliz jugando al papá. Un niño que a su corta edad está buscando donde guardar mis zapatos y mover mi mesa de noche por qué “Ahí tiene que ir la cuna del bebe mamá, tenemos que sacar tus cosas para que la cuna este pegadita sin barrote a tu cama y mi hermanito pueda tomar la teta todas las noches” Un niño que mañana será un hombre, un padre una pareja llena de amor, respeto y contención.

Hasta ahora estoy feliz con los resultados de nuestra crianza, verlos seguros, felices, amados y amables, valientes y atrevidos me hace creer fielmente que hicimos lo correcto.

Ahora, no confundamos, cuando hablo de criar con apego, con amor, con respeto y de forma natural, hablo exactamente de eso. NO confundamos, que a veces lo hacemos, con criar sin disciplina, sin límites, sin consecuencias y sin rutinas. Todo es perfectamente aplicable desde el respeto y el amor, y es además indispensable para una crianza estable y un buen desarrollo de nuestros hijos.

Nunca les he pegado ni les pegaría a mis hijos, ni el más mínimo jalón de pelo ni apretón de brazos. Eso no significa que no los discipline cuando hay que hacerlo. Primero que nada tenemos que darnos cuenta que existe una edad para todo, no vamos a “castigar” ni disciplinar a un niño de 1 año, que no ha hecho nada con ninguna intención, ni buena ni mala, sólo está explorando y conociendo el mundo. Primero debemos identificar que nuestros hijos ya tienen una edad para entender las consecuencias, que nos pueden entender cuando hablamos y explicamos el por que eso no debe volver  a  pasar y entender las consecuencias de hacerlo.

Por ejemplo no creo en las duchas frías para calmar una pataleta, me parece invasivo, agresivo y una falta de respeto hacia ellos y su cuerpo. Sin embargo el agua fría en si, si funciona. Cuando me he visto en esos casos, sacando paciencia de las últimas reservas los he acompañado al baño, he abierto el caño y les he pedido que se calmen que se laven la cara con agua que se sentirán mejor. El agua fría refresca y me ha ayudado siempre a calmar la pataleta, pero con amor y con respeto, eso si, yo seria, para que tengan claro que esa es una situación que está muy lejos de hacerme feliz.

Creo en hablar con ellos, en enseñar con el ejemplo. Cultivares el principio de que toda acción tiene consecuencias y que finalmente uno solo cosecha lo que siembra.

Creo también que en la crianza es  tan importante como la teta, el colecho y el porteo, como la relación que hay entre los padres. Con padres me refiero a quienes crían a los niños. Mamá y Papá (juntos o separados) Mamá y tía, papá y abuela, abuelos, padrinos. etc. Es importante nunca desautorizarnos, si uno está equivocado o fue injusto, hablemos lo en privado, demos le la oportunidad al otro de irse a disculpar con el niño, admitir que su reacción fue exagerada o equivocada, admitir que los adultos también fallamos y pedimos perdón.  Trabajemos en equipo siendo un frente común.  Es importantísimo  para su estabilidad.

Tratémonos entre nosotros, como pareja, como familia, con amor y con respeto. Besémonos mucho, abrazémonos siempre. Enseñamos con el ejemplo no con las palabras. Respetemos y ayudemos a los demás, seamos solidarios, respetemos y cuidemos de los seres vivos y adoremos a la naturaleza que nos rodea. Todos esto queridos y queridas es parte de criar con apego, con amor y con respeto, no se limita solo a la teta, al colecho o al porteo.

Yo no puedo decir cual es la formula mágica, ni que crianza es mejor, yo creo en esta, veo los resultados y hoy 11 años después estoy dispuesta a comenzar de nuevo y repetir paso a paso, con el mismo amor, con el mismo respeto, con la misma entrega y con el mismo apego.

Hoy me atrevo a decir que para nosotros funciono.

La Tata, arrancando de nuevo

ilustración de Claudia Tremblay

ilustración de Claudia Tremblay

 

 

 

 

 

 

De mi crianza con apego y como no tenía ni idea de lo que estaba haciendo

No lo voy a negar. Di la teta por flojera,  coleché por dormilona, y portee porque  me faltaban manos. Ejercí la crianza con apego, respetuosa o natural (como quieran llamarlo) sin tener ni idea de lo que hacía, medio por instinto y medio por la vida.

Hace diez años cuando nació Fernanda, mi hija mayor, yo tenía 27 y definitivamente era otra mujer. Hoy me veo y me doy cuenta del  camino recorrido y todo lo que he aprendido. Hace diez años era muy engreída, no sabía nada sobre maternidad  y siempre había tenido ayuda en casa para todo ¿Les suena?  De repente me encontraba en otro país,  aprendiendo a ser mamá y ama de casa al mismo tiempo.

No tenía mayor información que la que leía en un par de revistas.   Era el 2003 en Madrid y no tenía internet en casa, cuando iba al locutorio era para chatear y mandar mails a la familia. No tenía clases de prenatal, amigas embarazadas o con hijos, ni mucho menos una Tribu.. andaba totalmente desinformada, guíandome por el instinto y la supervivencia.

Cuando estaba  embarazada de 5 meses y medio fui a pasar un mes a Madrid con mi flaco. Luego de 4 semanas de visitar amigos y hacer  turismo, decidimos que por cosas de la vida no volvíamos más,  así de simple. Decisión tomada con pasión y las entrañas como todas las decisiones de vida que hemos tomado hasta hoy.

0ca3aa9d87e19fd8aeac1a6ffc71930cAhí me encontraba, en otro país con una panza de 6 meses, 2 chompas, 3 polos, 2 buzos de mi hermano y 1 jean de embarazo. En Lima había quedado atrás todas mis cosas, la ropa de bebe, coche, biberones, y  sobre todo muchas costumbres y consejos que aún no había recibido  cuando partí.

Poco antes de que Fer naciera, cuando aún no dominaba los quehaceres del hogar, sino más bien, ellos me dominaban a mí,  decidí que era momento de organizarlo todo para su llegada. Lavé la ropa, hice el maletín, preparé su cuna y decidí lavar y esterilizar sus biberones. Si bien yo tenía claro que daría la teta los primeros meses y aún no había tomado ninguna decisión frente a la formula,  el intento frustrado de lavar biberones  fue el primer y definitivo  paso hacia mi lactancia exclusiva. Mientras lavaba los chupones me imaginaba lo que sería eso sucio  en verano si no lo lavaba de inmediato:  infecciones, bacterías y hongos rondaban mi cabeza, pero me acordé que había leído que los biberones se hervían para esterilizarlos.

20 minutos después estaba tirando la olla y los biberones a la basura. Si, así es, puse los biberones de frente en la olla, se derritieron y se quemó todo.  Recuerdo salir de la cocina hablando sola  “ Ni loca. No pienso lavar un biberón, en mi vida. Daré la teta mientras tenga leche” Y así fue… durante 17 meses tuve leche, di la teta y nunca, pero nunca volví a lavar ni quemar un biberón.

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Algo parecido fue mi encuentro con el colecho. O como el colecho me encontró a mí. Cuando llegamos con Fer del hospital y la puse en su cuna recuerdo jalarla y ponerla juntito a la cama, para tenerla más cerquita y también no lo voy a negar, porque era la primera noche y no quería tener que levantarme de la cama cuando se despertara.  La cosa fue así, la acosté en la cuna, pegadita a mi cama, y medio que me dormía mientras la miraba. La verdad no me sentía del todo segura teniéndola separada por unos barrotes ¿suena exagerado no? Pero lo cierto es que así se veía desde mi ángulo de madre primeriza al otro lado de la cama. Lo bueno vino cuando se despertó. La hice linda dije yo, no hay que salir de la cama… pero parece que no fue suficiente. Recién parida me demoré en sentarme, agacharme hasta la cuna, sacarla y darle el pecho. La niña ya lloraba, se llenó de gases y  demoro en agarrar la teta, eran la 1am y la imagen no se veía tan romántica como yo la imaginaba.  Por fin se calmó y empezó a mamar, ella comía y a mi el sueño me vencía. Me dormía, sentada en la cama con la niña en brazos, despertándome a sobre saltos aliviada de que no se me hubiera caído. Cuando terminó de mamar sacarle el chanchito y volverla acostar en la cuna. Una hora y volver a arrancar.  Ni más me dije. Así no se puede dormir. Tiene que haber otra forma mejor para las dos.

Luego de dos noches de ensayos y búsquedas de posiciones ya agotadas nos quedamos las dos profundamente dormidas, juntitas en la cama. Entre sueños, sentía como me subía la leche y oí suavecito a Fernanda como mamaba buscando la teta, la acerqué un poquito más y mientras ella aún estaba completamente dormida y yo en medio de un sueño le puse la teta en la boca y la niña mamó sin despertarse y yo seguí soñando. Me desperté al rato, ella había terminado la teta sin despertarse, yo había seguido durmiendo  todo el rato. Habíamos descubierto el colecho, habíamos descubierto el secreto de la vida… se podía seguir durmiendo.

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Con Fernanda de 3 semanas y según yo todos mis problemas  de maternidad resueltos cansados de Madrid decidimos ir en búsqueda del horizonte a Barcelona. Que ciudad maravillosa para pasear, para salir, para caminar, para vivir. Nosotros estábamos solos. MI flaco se iba a trabajar y yo me iba a hacer las compras, papeleos, encargos y a pasear con Fer de arriba abajo (literalmente).  Los primeros días  la llevaba en coche, pero las distancias eran tan largas, las escaleras del metro eran tantas  y la teta era tan seguida, que siempre terminaba cargando a la bebe con una mano y con la otra empujando el coche que iba con las compras, las casacas, el maletín, la cartera y todo lo que te puedas imaginar. Era entre un malabarista y un hombre orquesta, solo me faltaba el jarrito para comenzar a pedir monedas. Era una pesadilla.

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Ya se imaginarán la liberación que sentí al descubrir el portabebe ¿no?  Dejé de ser un Ekeko, para ser una madre orgullosa.  Fernanda  iba en brazos, feliz, mamando, durmiendo y riendo, y yo recorriendo todo Barcelona disfrutando de mi libertad y mi maternidad.

Y fue así como hace 10 años sin imaginarlo, me encontré sin pedirlo ni buscarlo, lactando, colechando  y porteando.

Artículo publicado en La Revista Dientes de Leche Agosto del 2014

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Mamá. No te metas!

¿Todavía le das la teta? ¡Abrígalo! Se va a mal acostumbrar a los brazos. Cuando tu eras chiquita no existían esas modas. Tienes que pasarlo a su cuarto o nunca aprenderá a dormir en su cuna.  No, así está mal, tienes que hacerlo así.  Te vas a fregar, nunca te va a soltar.

¡¡MAMÁ BASTA YA!! !Cállate! ¡Déjame en paz!

Es comprensible que estas sean las primeras frases que gritemos dentro de nuestro cabeza, e incluso a veces, cuando ya perdimos la paciencia, las gritemos por fuera de nuestra boca.

Todas tenemos una madre, una tía, una abuela o una suegra (cuando no son todas)  que se meten y critican (en forma positiva claro hijita) nuestra forma de criar.  Nuestra primera reacción es tenerles paciencia, y la inmediatamente segunda reacción, es quererlas matar.

¿Pero en verdad, te has puesto a pensar por que les horroriza tanto la teta prolongada, el engreimiento extremo de dejarlos dormir en nuestra cama, y el mal acostumbrarlos conscientemente a los brazos, entre otros?

Estas mujeres que tanto creemos nos vuelven locas y que no logramos entender por que no nos entienden si basamos nuestra crianza en nuestro instinto natural se merecen mucho más que nuestro respeto, se merecen todo nuestro agradecimiento y entendimiento. Creo que lo primero que debemos hacer es ponernos en sus zapatos y hacer un viaje en el tiempo unas cuantas generaciones atrás y recordar algunos puntos para poderlas entender.

mamá no te metas

Hace 60, 50 años, la historia era otra, una no era madre a tiempo completo, ama de casa y daba la teta por elección o convicción. Una lo era por obligación. No había otra opción para un mujer lo quisiera o no. Es en este momento que toda una generación de mujeres, se pone los pantalones y decide luchar por a igualdad, saliendo a trabajar a la calle y abriéndose a codazos un camino entre los hombres en la jungla laboral.

Para competir en un mundo masculino habían sacrificios que hacer, no se podía estar en igualdad de condiciones dando la teta, durmiendo por la noche con el bebe, y llevándolo a todos lados contigo, había que bloquear el instinto y conquistar el mundo.¿Conquistarlo para qué? ¿Por ansias de poder? ¿Por fama y fortuna? No. O tal vez no sólo por eso, había que conquistarlo para abrir camino a las futuras generaciones, para que hoy tu y yo podamos elegir que queremos ser.

Con estas nuevas madres trabajadoras nace un nuevo mercado y una nueva necesidad. Las madres deben volver a trabajar dejando a sus lactantes en casa y aparece la fórmula para salvarles la vida y proteger su lucha laboral.  Esa misma fórmula de la cual ahora las padres pro lactancia renegamos, fue la fórmula que nuestras antecesoras necesitaron para luchar por la igualdad.

Para entenderlas más aún, recordemos también, cual era el promedio de hijos por familia antes. Ahora tenemos uno o dos hijos promedio. Así que fácil colechar con uno o dos durante dos años. O dar la teta exclusiva cuando solo tienes que atender a un bebe y jugar con uno mayor. O portearlo a todos lados, cuando cómo máximo salimos con dos hijos ala calle.  Se imaginan colechar con 4 o 5 niños que se llevan entre 10 y 18 meses cada uno? ¿Y portear hasta el año y medio, como haríamos? Yo lo hice alguna vez con 2, pero con 2! no con 3, ni 4 ni 5. En esa época que todos durmieran en su cama y que los niños “no se acostumbraran” a los brazos, era casi casi una necesidad de supervivencia.

Entonces como todo en la vida, si entendemos el pasado, podemos respetar el presente. Estas mujeres maravillosas sacrificaron el instinto y  tuvieron que poner en satnd by la crianza con apego un par de generaciones para que hoy, tu y yo, podamos elegir. Podamos elegir como criar, elegir que queremos hacer, elegir quienes queremos ser. Son mujeres que criaron, y que fueron criadas de esa forma y que gracias a esa crianza y sacrificio lograron cambiar la sociedad para nosotras.

Por eso la próxima vez que te vuelvan loca, en lugar de morderte la lengua o explotar, podemos tal vez intentar explicar desde el más profundo agradecimiento a sus generaciones, que es nuestra opción de crianza, buena o mala, pero nuestra elección. Elección a la que tenemos hoy derecho gracias a su generación

Gracias desde el fondo del alma, por los sacrificios que hicieron para cambiar la historia, para mi son unas ídolas, son unas heroínas, a las que les debo el que hoy día pueda elegir y hacer lo que quiera con mi vida.

La Tata, respetando, agradeciendo y admirando.